La Psicología Humanista
como Nuevo Paradigma
Psicológico
Desde hace cinco
décadas, la Psicología Humanista ha ido penetrando en
forma muy significativa en los medios académicos, tanto de pregrado como de
postgrado, a nivel teórico como a nivel práctico. Primero lo hizo más bien como
protesta y alternativa de las dos corrientes clásicas en psicología: el
psicoanálisis y el conductismo; después, presentando una visión integral,
coherente y lógica, de la rica y compleja dotación del ser humano. Esta visión
integral se ha ido consolidando con una firme fundamentación epistemológica de
su enfoque y con el desarrollo y estructuración de metodologías y técnicas
apropiadas y sensibles a lo más específicamente humano, como es la libertad, la
conciencia, la creatividad, los valores y los sentimientos.
Este marcado
enfoque epistemológico y metodológico llega hasta el punto de constituir
un nuevo paradigma psicológico. Esto es debido a la convicción de
que las diferencias entre las diversas orientaciones de la psicología actual
arrancan de fuertes divergencias de naturaleza epistemológica y que sólo
partiendo de esa base se puede llegar a una mayor unificación de la disciplina
psicológica.
1. El Movimiento
Humanista
El movimiento humanista no es exclusivo de la
psicología; se ha manifestado en todos los aspectos del pensamiento humano y en
todos los aspectos de la interacción humana: en sociología, en
antropología, en ciencia política, en filosofía y hasta en teología. Los más
grandes problemas de nuestro tiempo son ahora los problemas humanos.
En la evolución histórica de la psicología como
ciencia se ha puesto énfasis en tres enfoques o filosofías de la ciencia
psicológica: el empirismo clásico, el empirismo lógico y la metaciencia.
El empirismo clásico concibió
la psicología como una ciencia puramente descriptiva de las
observaciones de los fenómenos psicológicos y de la conciencia y, quizá, como
una formulación tímida de "leyes" empíricas sobre las relaciones
entre estos fenómenos. Este enfoque prevaleció hasta la Primera
Guerra Mundial y, en amplios sectores del conductismo americano y algunos
psicólogos de la Gestalt, también después.
El empirismo lógico predominó
entre 1930 y 1960. Con él se da cabida al "pensamiento lógico", en el
más amplio sentido de la palabra. El conocimiento científico, según este
enfoque, no consistirá sólo en la descripción de los hechos y leyes, sino
también en la formulación de hipótesis explicativas, para lo
cual hará uso de construcciones lógicas o modelos. Es la "era de
las teorías".
A partir de la Segunda Guerra Mundial, fue
apareciendo y, especialmente en las tres décadas siguientes, se desarrolló
un tercer nivel de "abstracción" que va más allá de
los dos anteriores, el descriptivo y el hipotético, es el nivel de la metaciencia. Aunque
todavía no tiene un nombre universalmente aceptado, ésta es una nueva
filosofía o teoría de la ciencia. Su tesis básica sostiene que las
teorías científicas son parte de todo el contexto cultural, el cual,
por consiguiente, las influencia en sus formulaciones. Por lo tanto, toda
teoría científica tiene su parte filosófica ometateoría.
Cae también dentro de un "amplio marco" de
referencia, el del enfoque humanista de la psicología, es
decir, aquel que considera al ser humano en sí como un ser potencialmente libre
y creativo, cuyo comportamiento puede depender más de su marco conceptual
interno que de la coacción de impulsos internos (Psicoanálisis) o de la
presión de fuerzas exteriores (Conductismo).
El concepto del ser humano que tiene la Psicología
Humanista es sumamente rico y complejo. Esta orientación
no desea excluir de su estudio nada de todo lo que, según su enfoque,
identifica y distingue mejor al hombre, como es la libertad, la creatividad,
los valores, el amor, actuar con un propósito y dirigirse hacia una meta, la
auto-realización, el sentido de la vida, del sufrimiento y de la misma muerte.
De aquí que una metodología general, adecuada y eficaz para su
estudio, esté en gran parte por hacerse. Sin embargo, éste es el gran
desafío que se presenta a los psicólogos humanistas: respetar
plenamente ese objeto de estudio tan sutilmente estructurado y entretejido, y
encontrar, al mismo tiempo, el procedimiento más adecuado para comprenderlo.
Por esto, la epistemología constituirá
el marco de referencia crítico en que se ubica la metodología. Ambas
partes se dedicarán a estudiar lasbases de un posible paradigma
para la psicología, que sea a la vez "científico", es decir, fruto
de un estudio rigurosamente crítico y sistemático, y "humanista", o
sea, fiel a la naturaleza integral y personal de los seres humanos.
El objetivo fundamental de esta segunda parte, la
metodológica, es dar una base firme y sólida a las siguientes tesis
centrales: el método depende del objeto de la ciencia, y si el objeto de
estudio "humano", "animal" e "inorgánico" es
irreductible uno a otro, necesita métodos diferentes; la vida humana tiene una
riqueza de contenido que no captan las técnicas matemáticas u operacionalistas
y necesita métodos más humanos y personalistas; la clave para la comprensión de
la persona es el estudio del significado de las acciones y de la intención que
las anima, más que el mero estudio de la conducta externa; los caminos que
parecen más adecuados para una cabal comprensión del hombre son los métodos que
se centran en el "diálogo": el hermenéutico-dialéctico, el
fenomenológico, el etnográfico, el de investigación-acción, el de historias de
vida, etc., y, en general, las metodologías cualitativas, ya que
reúnen un conjunto de bondades y cualidades que los hacen flexibles y sensibles
a las características propias de cada persona.
Por consiguiente, no nos interesan tanto la naturaleza
y validez del conocimiento en sí, en sentido básico y universal, sino la
naturaleza y validez de ciertos procedimientos metodológicos para enriquecer
una parte del conocimiento, la de la comprensión del hombre como persona. Sin
embargo, le corresponde a la misma psicología analizar y desentrañar la
naturaleza de los procesos psíquicos en que se fundamenta la metodología de la
ciencia.
2. La “Tercera
Fuerza” en Psicología
Durante la primera mitad del siglo xx, la
Psicología caminó en dos direcciones notablemente diferentes e
incomunicadas. Por un lado, la orientación conductista, objetivista,
mecanicista y positivista. Por el otro, el grupo de psicologías que se
originaron con Freud y el Psicoanálisis. Sin embargo, estas dos corrientes
tenían como denominador común un principio básico sobre la naturaleza del
hombre que influirá el marco de referencia conceptual y los métodos de
investigación e interpretación de los hallazgos consiguientes: el
determinismo. Si para los unos la conducta era interpretada como un
proceso automático y casi-mecánico, estimulado por el medio ambiente exterior
(enfoque reactivo), para los otros era un producto desencadenado
por impulsos internos (enfoque reactivo en profundidad).
El modelo metodológico físico fue ya
considerado como inadecuado en la década del 50 por insignes físicos como
Heisenberg (1974) y Oppenheimer (1956), quienes aconsejaron a los psicólogos no
modelar su ciencia sobre una Física ya superada e incapaz de ayudar a entender
los fenómenos psíquicos, en los cuales la mente humana entra como
objeto y como sujeto del proceso científico, y le señalaron la
conveniencia de abogar por un pluralismo en metodología que incluyera métodos
naturalistas y descriptivos.
Estimulada e insatisfecha ante esta serie de
incongruencias, ha nacido y se ha desarrollado una "Tercera Fuerza"
en Psicología, la Psicología Humanista, que presenta
diferentes facetas: de protesta, de desafío, de complemento, de extensión o de
alternativa de las otras dos corrientes, la Psicología Conductista y
el Psicoanálisis. La Psicología Humanista acepta los modelos y
analogías de las otras dos corrientes como guías legítimas para ciertas
áreas de investigación, pero no los considera como una descripción adecuada
de los seres humanos y menos soporta que sean elevados a la categoría de
dogmas, como frecuentemente lo han sido.
El movimiento humanista, más que una Escuela, es
una nueva orientación hacia la Psicología, un modo de
pensar sobre el hombre y toda la empresa científica que modifica la imagen que
tenemos de los seres humanos y libera a la Psicología de varias
restricciones artificiales que le impusieron teorías que ahora aparecen como
superadas. No se puede decir que los proponentes principales de esta
orientación –Abraham Maslow, Carl Rogers, Gordon Allport, Charlotte Bühler,
Rollo May, Viktor Frankl, Wilhelm
Dilthey, Edward Spranger, William Stern, Kurt Lewin, Kurt Goldstein, Gardner
Murphy, Erich Fromm, Fritz Perls, Eric Berne, al igual que un gran número de
otros psicólogos actuales– tengan una ideología básica común, pero tanto ellos
como los demás psicólogos humanistas simpatizan o comparten muchas posiciones
sostenidas por la Psicología de la Gestalt, la Psicología
Adleriana, la Junguiana, la Neo-Freudiana, la
Psicología del Yo, la Fenomenológica, la
Existencial, la "Self-theory", la Transaccional y la
Proactiva.
Siguiendo e integrando las ideas de la Asociación de
Psicología Humanista, podemos señalar cuatro características como las más
típicas en los autores más representativos de esta orientación psicológica:
1. Una atención centrada en la experiencia
humana consciente como fenómeno primario ineludible al estudiar al ser
humano. Las explicaciones teóricas y la conducta externa son consideradas como
posteriores y secundarias ante la experiencia misma y ante la significación de
ésta para la persona.
2. Un énfasis en cualidades tan profundamente
humanas como la elección, la creatividad, la valoración y la
auto-realización, en cuanto opuestas a un pensar sobre los seres humanos en
términos mecanicistas y reduccionistas.
3. Fidelidad al "significado y
valor" cuando se eligen los problemas de estudio e investigación,
y oposición al énfasis que se pone en la objetividad metodológica a expensas de
la significación.
4. Especial aprecio por la dignidad y valor
del ser humano e interés en el desarrollo del potencial inherente a
cada persona.
Charlotte Bühler comparte la prioridad de estas
características, pero suele hacer énfasis especial en "el estudio y
comprensión de la persona como un todo" –actitud holista–
y en la relación que la Psicología Humanista tiene con el Existencialismo, como
base filosófica subyacente, y particularmente en la experiencia de la intencionalidad como
"parte más íntima de la persona y de su motivación". La
intencionalidad, que tanta relevancia ha tenido desde Franz Brentano para acá,
es efectivamente una nota distintiva de la orientación humanista. Sin el
conocimiento de los valores, metas y propósitos que animan la conducta humana,
ésta permanecería siendo siempre un misterio. Frecuentemente nos revela menos
el conocer lo que una persona hace que el porqué lo
hace.
3. Metodología
Científico-Humanista
En cuanto a la metodología científica, la
Psicología Humanista insiste, además, en que el estudio debe estar más
centrado en los problemas ymenos concentrado en los medios y métodos. Poca
utilidad tendría el uso de un método muy "objetivo" si el problema
estudiado carece de importancia en la vida humana. Los medios no deben
prevalecer sobre los fines, sino estar supeditados a éstos.
En segundo lugar, los problemas humanos no pueden ser
tratados adecuadamente manejando simples abstracciones, palabras y conceptos,
como suelen hacer los intelectuales con mucha frecuencia. Es necesario llegar a
la experiencia real originaria, que es el proceso humano
básico del cual depende toda operación de la ciencia.
En tercer lugar, el ser humano es una unidad
irreductible; cada una de sus "partes" está relacionada con
todas las demás. La coordinación e interacción mutua de los procesos no permite
aislarlos sin que pierdan su naturaleza, su relevancia y su significado.
Haciéndolo, tenemos sencillamente otra cosa. Por esto, es
necesario aprender la gran lección de la Psicología de la Gestalt,
la cual nos muestra que "el todo contiene propiedades que no se encuentran
en la suma de las partes". De aquí, la necesidad de una metodología
holista, que sea a la vez científica y profundamente respetuosa de la
naturaleza humana.
En esta línea de prioridades, los métodos de
investigación deberán ser fieles a la naturaleza del objeto estudiado, por
profunda y compleja que sea. La metodología deberá crearse, si es necesario,
adaptarse y estar en función de su objeto y jamás podrá sacrificarse la naturaleza
del objeto a una metodología prestada y más fácil de aplicar, hecho del
cual la Historia de la Psicología nos ofrece abundantes
ejemplos.
Finalmente, señalamos que muchos psicólogos humanistas
se consideran a sí mismos como opuestos al Conductismo y al Psicoanálisis,
considerando esta característica casi como una autodefinición. Abraham Maslow,
padre de la Psicología Humanista, tiene a este respecto un pensamiento muy
diferente. Él consideraba la orientación humanista como
"una estructura supraordenada más amplia" que puede dar cabida al
Conductismo, al Psicoanálisis y a otras posiciones en Psicología. Maslow se
oponía a las dicotomías (pro-freudiano o anti-freudiano, pro-conductista o
anti-conductista, etc.). Él decía de sí mismo: "yo soy freudiano y soy
conductista y soy humanista..." Lógicamente, esta posición es un
señalamiento y un programa de acción para las futuras investigaciones
psicológicas: su trabajo debe orientarse hacia el estudio de la
complementariedad de los diversos enfoques. La Psicología
Humanista desea abarcarlos e integrarlos todos en una visión del ser
humano más amplia, para lo cual adopta un paradigma
epistemológico sistémico.
Diferentes representantes de las ciencias que se
relacionan con el comportamiento humano (psicología, pedagogía, antropología,
sociología, historia, economía, ciencia política, etc.) claman por una nueva
metodología para el estudio de sus fenómenos.
En efecto, el concepto tradicional de ciencia y su
método, parece constreñir y aprisionar nuestro pensamiento cuando trata de
comprender la conducta humana. Se necesitaría, por lo tanto, un sistema lógico,
una metodología ágil y flexible capaz de adaptarse y captar la estructura de
las vivencias profundas que se dan en el ser humano y que dan razón de ser de
su comportamiento externo.
En muchos aspectos, el elemento diacrítico que se da
entre la Psicología Humanista y las
otras orientaciones psicológicas es de orden metodológico. La orientación
humanista se ubica en el problema que se debe estudiar y en el
pleno respeto a su naturaleza (el ser humano como persona); las otras
orientaciones han estado más centradas en sus técnicas metodológicas,
las cuales han sido consideradas como la única vía para lograr
algo confiable.
La idolatría del método proviene de los grandes
resultados que su uso ha proporcionado en el campo de las ciencias naturales;
pero estos beneficios no se pueden atribuir al método en sí, sino
a su alto nivel de adecuación al objeto de estudio de las
ciencias naturales, que es, más bien, pasivo y estático.
Por otra parte, la adecuación anterior sería, en
cambio, ínfima en relación con el objeto de estudio de la psicología (vida
psíquica íntima y su correspondiente manifestación externa) y, en general, con
el objeto que estudian todas las ciencias humanas.
La historia muestra que lo que ayer nos asustaba por
considerarlo revolucionario, hoy se considera sólo una buena intuición, mañana
llega ser una doctrina anticuada y poco después será juzgada como represiva y
hasta pura superstición. Según la primera edición de la Enciclopedia
Británica, el flogisto era "un hecho demostrado", según la última
edición, "el flogisto no existe"; al astrónomo Hubble le dieron el
Premio Nobel por ciertos hallazgos sobre el comportamiento de las galaxias,
pero años después se lo dieron a otro astrónomo por demostrar prácticamente lo
contrario. Ésa la vida de nuestra ciencia, y es natural y lógico que así sea.
Por esto, no deja de ser lamentable la conducta de
muchos investigadores cuyo ciclo de vida intelectual, tanto en la ciencia como
en metaciencia, se asemeja, más bien, –como ironiza Maslow– al comportamiento
de los corales marinos: mientras son jóvenes nadan libremente en el océano,
pero más adelante se vuelven sedentarios y se calcifican; así viven seguros en
su nicho. La tradición científica ofrece también un nicho tranquilo y pacífico
a los investigadores que han aceptado sumisamente los cánones metodológícos
consagrados por ella.
4.
Un nuevo paradigma para la comprensión del hombre
El progreso de la ciencia, y en general, del
conocimiento, implica bastante más que una gradual acumulación de
datos, hechos y técnicas científicas. Quizá, la psicología, en su orientación
positivista y experimentalista, haya pecado gravemente en este sentido. La
riqueza de hechos no es necesariamente una riqueza de pensamiento. Necesitamos
encontrar el método para organizar y estructurar ese material en
poderosas síntesis teóricas y no quedarnos perdidos en una inmensa
masa de datos inconexos y dispersos. Aunque es cierto –como afirma Kuhn
(1978)– que en cada época una comunidad científica adopta un paradigma determinado,
es decir, un cuerpo de creencias, presupuestos, reglas y procedimientos que
definen cómo hay que practicar la ciencia, no es menos cierto que un paradigma
se impone a otro en la medida en que ofrece una respuesta a la crisis reinante
y demuestra mayor capacidad de resolver los problemas importantes que vive esa
comunidad.
En el caso de la psicología, el paradigma con que ha
laborado hasta ahora, ha alcanzado los límites de su utilidad en muchas áreas y
se impone la necesidad de hallar otro. No obstante, estamos en un período de
transición en el que las insuficiencias del paradigma usado son patentes, pero
no es clara la articulación del nuevo paradigma que deberá sustituirlo. Sin
embargo, por nuestra parte, hemos realizado un gran esfuerzo para colaborar en
dicha empresa, por medio de nuestra obra El Paradigma Emergente: hacia
una nueva teoría de la racionalidad científica, 1ª edic. Gedisa,
Barcelona, 1993; 2ª edic. Trillas, México, 1997.
La lucha entre paradigmas es siempre muy aguerrida. En
general, siempre se acusa al nuevo paradigma, que busca estatus y
aceptación, de no ser "científico", lo cual equivale a acusarlo
simplemente de no aceptar los criterios y reglas de "cientificidad"
establecidos, es decir, de no ser como el anterior. Es lógico que si es otro paradigma,
tiene que ser y presentarse en forma diferente. Por otro lado, ningún paradigma
puede defenderse a sí mismo con base en los criterios sobre los que se funda,
ya que se apoyaría en una argumentación circular. Por ello, el debate debe
centrarse en laponderación de los criterios.
Con la aparición del psicoanálisis surgieron ejemplos
muy claros de esto; se le acusaba de no ser "científico", a lo cual
respondían algunos psicoanalistas diciendo que "la ciencia no era
psicodinámica". Se dieron con igual frecuencia muchos casos en el campo de
las ciencias socioeconómicas en los países socialistas, donde se acusaba a los
teóricos disidentes de ser "anticientíficos" en esa área, porque iban
contra la visión social y económica aceptada y sostenida por los líderes de la
comunidad.
Ante todo, hay una realidad que consideramos concreta
y evidente: que todo ser humano está ubicado en un tiempo y un espacio
determinados y que es el resultado de una historia personal, familiar,
social y cultural única e irrepetible. Este hecho hace que el individuo vea las
cosas desde un punto de vista que no coincide totalmente con el de ningún otro
ser humano.
En la conciencia de esta realidad está claramente
implícito cierto perspectivismo, es decir, que cada uno de
nosotros tiene un punto de vista del universo, que la realidad se compone de
innumerables puntos le vista, y cada individuo y cada época escoge solamente
aquel o aquellos que se acomodan más a su capacidad receptiva, y que es
absurdo pretender la posesión gnoseológica absoluta de la realidad: nadie posee
un "ojo de Minerva" o está dotado del "ojo de Dios".
Así pues, es fácil detectar que hay cierto intento de
obligar a la naturaleza a que encaje dentro de unos límites preestablecidos y
relativamente inflexibles, y a los fenómenos que no encajan en ellos frecuentemente
ni siquiera se les considera.
Mario Bunge, en su obra La investigación científica (1975),
dice que la psicología y la sociología, a pesar de
su enorme acervo de datos empíricos y generalizaciones de bajo nivel, siguen
considerándose aún en un estadio subdesarrollado porque no abundan en
teorías lo suficientemente amplias y profundas como para dar razón
del material empírico disponible. Pero en ése como en otros departamentos de la
investigación, la teorización se considera frecuentemente como un lujo, y no se
admite como ocupación decente más que la recolección de datos, o sea, la
descripción. Y esto hasta el punto de que está de moda en esas ciencias oponer
la teoría (como especulación) a la investigación (entendida como acarreo de
datos). Esta actitud paleocientífica, sostenida por un tipo
primitivo de filosofía empirista, es en gran parte la causa
del atraso de las ciencias humanas. En realidad, ese punto de vista
ignora que los datos no tienen sentido ni pueden ser relevantes más que en un
contexto teorético, y que la acumulación al azar de datos, e incluso las
generalizaciones que no son más que condensaciones de datos, son en gran parte
pura pérdida de tiempo si no van acompañadas por una elaboración
teorética capaz de manipular esos resultados brutos y de orientar la
investigación (pp. 413–416; cursivas nuestras).
Examinando diferentes tipos de investigaciones se
puede constatar, lamentablemente con cierta frecuencia, que medir y contar son,
algunas veces, sustitutos del pensamiento, y que quien se centra precipitadamente
en la acumulación de datos no tiene tiempo o preparación para ser crítico. Por
esta razón, solía decir Einstein que la ciencia consistía en crear
teorías: "Ideamos una teoría tras otra –decía–, y lo hacemos
porque gozamos comprendiendo..., reduciendo los fenómenos, por un proceso
lógico, a algo ya conocido o (en apariencia) evidente" (1950). Es
natural que cuanto más alto queramos que suba el edificio de la ciencia, más
profundos y sólidos deberán ser los cimientos en que se apoya.
5. Características del paradigma científico-humanista
Los principales representantes de la Psicología
Humanista están de acuerdo en que los puntos más significativos que debieran
distinguir o sobre los cuales se debiera construir un paradigma
científico y humanista para la Psicología pudieran ser los
siguientes:
1. Reconocer, ante todo, la prioridad de la
experiencia inmediata. Esta experiencia tiene prioridad por su
original inmediatez, porque la vivimos y experimentamos antes de cualquier conceptualización
y aparición de significados, porque es el modo fundamental en que se nos ofrece
el mundo y porque es el fenómeno básico para toda clase de actividades,
incluyendo la misma ciencia.
2. Comprensión de la naturaleza de la conciencia
y de la conducta. El considerar la conciencia y experiencia interna
como fenómenos irrelevantes o secundarios más que soluciones son evasiones.
Husserl enfatiza la importancia de la conciencia por su principal
característica: laintencionalidad; es decir, "toda conciencia
es conciencia de algo", está dirigida hacia algo, hacia un objeto, el
objeto intencional, que es el que le da su sentido, su significado.
3. Adopción de un enfoque inicialmente descriptivo. De
esta forma, permitiremos al fenómeno que hable por sí mismo y
en su apariencia podrá revelar algo que no está plenamente patente o incluso
algo que se mantiene escondido a la observación normal. En este sentido se
dice que los fenómenos tienen "significado", "sentido" o
"dirección", porque provienen de algo y se refieren a algo que está
más allá de lo que "es dado". Este enfoque es también la mejor vía
para distinguir y diferenciar lo que ofrece el fenómeno de por sí y lo que le
añade el ser humano, pues toda persona es a la vez un "receptor" y
un "dador" de significados. El significado del fenómeno es el
resultado de un proceso, la resultante de una interacción, un diálogo o
una dialéctica entre el sujeto y el mundo.
4. Máxima relevancia a los presupuestos. La razón
principal de poner gran atención en los presupuestos es el hecho de que la
Psicología no se apoya en sí misma. La Filosofía fenomenológica
se preocupa mucho de describir lo que "aparece" precisa y exactamente
como aparece. Para esto utiliza la técnica de la reducción –epoché– y
trata de poner entre paréntesis todo conocimiento previo relacionado con el
objeto y, sobre todo, los presupuestos y los prejuicios. Pero
éste es un ideal imposible de alcanzar en forma completa. Por esto, si no se
puede trabajar sin presupuestos, lo mejor será clarificar bien los que se
tienen; es decir, ser plenamente conscientes de la perspectiva u óptica con
que se mira, del enfoque que se adopta y de la intención con que se trabaja.
5. El objeto de estudio necesita también
una clarificación de acuerdo a las siguientes puntualizaciones: es
necesario entender lo presente para descubrir el contexto. Se
pone el énfasis en el descubrimiento y comprensión de lo que está presente, de
lo que es actual y real en el momento, para que después, por medio de la descripción,
se llegue a descubrir la estructura de la situación como un todo, en sus
relaciones, contexto y significado.
6. La inevitable presencia del científico en
la ciencia. Esta presencia ha sido tenida en cuenta muy poco. Se ha
creído que puede haber una presencia "neutra". Esto no es siquiera
cierto en la Física (Oppenheimer, 1956). Los métodos "objetivos"
no eliminan la presencia del investigador, sino que simplemente lo hacen
presente de otra forma. Se parte del presupuesto que el enfoque objetivo es
mejor que cualquier otro; pero, podemos preguntarnos: ¿para qué fin o con qué
intención?
La
situación del laboratorio es una situación artificial. Efectivamente, el investigador
es el que la crea: selecciona el equipo, define las variables, elige los
estímulos, determina el número de sujetos y los procesos para analizar los
datos, etc. De esta forma, la situación de laboratorio es un artefacto
humano.
Si
los pre-juicios y la influencia del investigador sobre las cosas
no se pueden eliminar del conjunto de variables, lo más lógico será que, como
en el caso de los presupuestos, sean incluidos y tenidos en cuenta, como hace
el físico que tiene en cuenta la temperatura previa del
termómetro que usa y su influencia en la temperatura del líquido que mide. Y la
razón es simplemente el hecho de que son parte de los datos que forman la situación.
6. Conclusiones
El enfoque científico-humanista se
puede caracterizar como: centrado en el significado, la descripción, las
diferencias cualitativas, el proceso de clarificación y diferenciación
progresiva, la investigación de las relaciones intencionales, el trato de los
fenómenos humanos con un sentido humano y con un estilo humano, la articulación
de los fenómenos de la experiencia y la conducta en el contexto de una
concepción más amplia de la naturaleza, dando prioridad a la vida real y a la
relación hombre-mundo y teniendo en cuenta la presencia e implicación del
científico.
Considerando las últimas características de este
paradigma, es lógico concluir que la determinación de las variables que entran
en juego en una situación concreta no podrá ser realizada completamente antes, sino,
más bien, durante o después de la investigación. Esto señala,
igualmente, que aunque la Psicología científico-humanista no es
empiricista o positivista, sí es empírica (basada en la
experiencia) y positiva (afirma la realidad).
Si tuviéramos que sintetizar en breves expresiones
las contribuciones que la Psicología Humanista ha
dado al pensamiento psicológico actual, podríamos señalar, entre otras, algunas
de las principales que Wertz (1998, pp. 46-47) enfatiza: la introducción de una
tradición histórica relevante, como la griega y la renacentista, en la psicología
moderna, y un fructífero diálogo con las humanidades; una sólida y bien
fundamentada crítica de las corrientes imperantes en psicología (conductismo y
psicoanálisis) que, debido a ello, han ido atemperando sus viejas posiciones
radicales; la inclusión de los aportes del existencialismo y la fenomenología;
nuevas orientaciones y procedimientos psicoterapéuticos; nuevos tópicos de
investigación: como el cambio, el crecimiento, la salud, la auto-percepción,
los valores, la creatividad, el amor, el sentido de la vida y de la misma
muerte; principios teóricos, como el significado, la libertad, la
intencionalidad, la auto-realización y otros; y todo ello dentro de una marco
teórico y epistémico más comprehensivo y enraizado en una nueva y sofisticada
filosofía y teoría de la ciencia (paradigma sistémico), y respaldado por una
rigurosa y original metodología de la investigación (métodos cualitativos) más
fiel y sensible a las características peculiares que mejor distinguen a los
seres humanos.
Y, en una visión más amplia y comprehensiva,
pudiéramos decir que el movimiento humanista ha ido logrando a nivel mundial
una serie de "frutos" de amplísima repercusión, tanto a nivel de
derechos humanos, del niño, de la mujer, como a nivel de acuerdos políticos, de
desarme, de comercio y reducción del colonialismo, entre otros.
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[1] El Dr. Miguel
Martínez M. es Profesor Titular (Jubilado) de la Universidad
Simón Bolívar de Caracas (Venezuela) y responsable de la
Línea de Investigación “Epistemología y Metodología Cualitativa”.
E-mail: miguelm@usb.ve; Páginas de Internet: http://prof.usb.ve/miguelm; http://miguelmartinezm.atspace.com.
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